jueves, 21 de enero de 2010

¡Odiame por piedad yo te lo pido..!





Todavía no he podido recuperarme del estupor. No sé si se trata de un chiste carnavalero. Casi estoy por creerlo. "Catalina por dios" me dejó estupefacta con su columna de hoy en El Heraldo. No fue solo la atrevida generalización que hizo. Fue también descubrir que estoy frente a una mujer con muchos títulos: filósofa, literata y demás. La absuelve un poco su juventud: 27 años. Pero eso me obliga aún más a escribir lo que voy a escribir. Catalina por dios, podrías ser hija mía...
(Ver http://www.elheraldo.com.co/ELHERALDO/BancoConocimiento/Y/yelmepego/yelmepego.asp?CodSeccion=48 )

Tocas una realidad con la que no peleo. Muchas mujeres, y en menor escala hombres también, sienten la necesidad del "reconocimiento negativo". Todos los seres humanos necesitamos el "reconocimiento" (yo diría que todos los seres vivos). Si no obtienes el reconocimiento positivo, te conformas con el negativo. Pero ese reconocimiento negativo es enfermizo. Y es sobre eso que debemos tener claridad. No podemos continuar repitiendo "estereotipos machistas" sin ponerlos en duda. O quién no se ha reído del chistecito ese del famoso masoquismo natural en las mujeres...

Soy mujer, me gusta ser mujer, y no me agrada que me maltraten, provenga de donde provenga: del amado, de la amada, del padre, de la madre, del jefe, del compañero o compañera. Debo ser una de esas especies raras, extraterrestres (???), que tuvo un padre que la hizo sentir un ser valioso, que creció junto a sus dos hermanos varones sin sentirse menos que ellos. Que tuvo una madre que siempre estuvo ahí, para ella. Que creció con mucho reconocimiento positivo. De ahí que le cause escaramuza el grito, la ironía, la frase lapidaria, las faltas de respeto.

Por ello no comparto las siguientes generalizaciones que realizas en tu columna:

"Creo que todas las mujeres nos hemos sentido ‘mermadas’ ante un hombre en algún momento. ¿Quién de nosotras, aún la más favorecida, puede decir que nunca, nunca, ha puesto a su pareja por encima de su propio bienestar? ¿Quién puede decir que
no ha pasado una ofensa creyéndola una prueba de amor?"


Por eso me parece vital que la educación que impartamos a nuestros hijos y a nuestras hijas, incluya también la educación de nuestras emociones. Por eso no puedo quedarme callada frente a estas afirmaciones que perpetúan esta situación de analfabetismo emocional...

Debemos empezar a preguntarnos, más bién, qué es lo que hace la sociedad para que pareciera que "todas las mujeres tenemos en común" el masoquismo". Una sociedad que nos invita a tararear canciones como la de "Odiame por piedad, yo te lo pido", es una sociedad que debe ser cuestionada. Una sociedad que nos invade la televisión con novelas escabrosas, que no educan sino que refuerzan situaciones de desigualdad, debe ser mirada con sospecha.

Por ello, quiero invitar a que las mujeres se manifiesten. ¿Necesitas reconocimiento negativo para poder vivir? Por que en mi caso particular prefiero la indiferencia al odio. No necesito el odio de nadie para poder vivir. Sé vivir sin que me mires, porque es en mí misma donde empieza la complacencia.

miércoles, 20 de enero de 2010

Rompiendo el molde

Confieso que el tema de la violencia intrafamiliar es uno de los que màs toca mi corazón, tal vez porque desde niña me tocó presenciarlo con diferentes protagonistas y en diversos escenarios. Por eso me abruma la ignorancia de tanta gente al respecto, a pesar de que es pan de cada dìa. Tal pareciera que la gente lo vive sin aprenderlo. Y es allí donde está el verdadero problema.

Analicen esta lapidaria frase que leí hoy en El Heraldo: "La mayoría de las mujeres no tienen facultades físicas para defenderse de una golpiza o para amortiguar la aproximación de un disparo".(...!!!!!). ¿Y los hombres sí? ¿Quién dijo que la fuerza física garantiza la paz? ¿Quién dijo que existe enemigo pequeño? El caso de Vietnam y USA es un claro ejemplo de lo que estoy diciendo. Ojo por ojo, paìs de tuertos.

No, mi querida Vanessa Rosales, desde el momento en que la inteligencia empieza a ocupar un lugar de privilegio en la raza humana, desde ese mismo instante, suplanta a la fuerza física. "Dame una palanca y moveré el mundo", lo había dicho ya en la antigüedad el matemático Arquímedes. Por tanto aquí no se trata de fuerza física, ahora no vamos a terminar mandando a nuestras hijas a levantar pesas, aprender artes marciales, artes militares, etc, previniendo el temor a que se topen con uno de estos cavernícolas estacionados en algún lugar de un pasado primitivo.

No. A nuestras hijas tenemos que enseñarles a quererse, a respetarse, a valorar ese ser único que son. A no entrar en ese mundo loco de la competencia que pretende anular a los otros, las otras. Tenemos que enseñarles a valerse por sí mismas, hacerles entender que el matrimonio es una opción de vida, no una tabla de salvación. Que el cambio es la constante y a veces debemos tomar decisiones dolorosas pero necesarias porque no se puede negociar con la dignidad.

A nuestras hijas debemos enseñarles a estar atentas a las señales de peligro (que no es precisamente cuando te dan una trompada; mucho antes dejaron señales...). A manejar el conflicto de una manera constructiva, a buscar ayuda cuando es necesario, a tomar decisiones radicales cuando así lo amerite el caso.

A nuestras hijas (y a nuestros hijos, por supuesto), tenemos que enseñarles a ser fuertes desde la convicción interior de estar haciendo lo correcto; tenemos que enseñarles a ser fuertes desde lo espiritual, desde ese encuentro contigo mismo que parte de un conocimiento propio, de un reflexionar constante que es lo que te permite realmente crecer, estar despierto.

Es este tipo de educación -dirigido a hombres y mujeres- lo que va a permitir que se genere un cambio. Este tipo de educación no distingue de sexos, por ello necesitamos más hombres y mujeres que gocen de fortaleza espiritual, de hombres y mujeres con convicciones, con una alta autoestima, porque el que no se quiere a sí mismo agrede o permite que otro lo agreda.

Ahora bien, si el asunto sigue siendo de fuerza física, te regalo un verso de la venezolana Lyda Franco Farías:

"Una mujer, es una mujer,
más sus uñas y sus dientes;
lo siento caballero de la brillante armadura
aquesta doncella rompió el molde. Creció".

miércoles, 6 de enero de 2010

En este país es más grave lavar dinero que matar a una persona: especialmente si es mujer. La ficción nunca supera la realidad

Desde el 2 de Enero la ciudad está inmersa en el tema de moda: el asesinato de Clarena Acosta en manos de su ex esposo. Es el tema de moda porque pone en evidencia la forma trivial como se comenta el caso en las reuniones sociales, cómo sale a flote la falta de conciencia, el chistecito sexista al que los machos y “las machas” (sí, mujeres con pensamiento de macho), nos tienen acostumbrados. Y del que se supone “debemos reírnos”, so pena de parecer tremendamente aburridas, amargadas, o lo que es peor, feministas. Es decir, mujeres que odian a los hombres y que hasta aplaudirían si la víctima fuera él y no ella..???? Son seres alienados que no saben que lo están, quienes aún conservan una visión trasnochada del feminismo, que no se equipara para nada con la visión actual y su evolución. Se quedaron anclados y sellados en un pasado que no les permite entender el presente. Esa es la consecuencia natural de desconocer la historia.

Ser Feminista implica estar a favor de la vida, no de la muerte, por tanto, nunca me podría alegrar si el muerto hubiera sido el esposo, como alguien irresponsablemente afirmó. Ser feminista significa estar a favor del diálogo y de la concertación, del respeto y la autonomía, no de la imposición, de la hegemonía, del control, y la desconfianza. Por tanto, “Ser Feminista”, no es una cuestión de sexo, es una condición mental; por ello no es raro encontrar hombres feministas y, mucho más frecuente, mujeres machistas… Señal de alerta de lo mucho que falta por educarnos en materia de equidad de género. No hay peor alienado, que el que no sabe que está alienado…

Sí, casos como el de Clarena, ahondan en las más profundas huellas de nuestra historia patriarcal de posesión, dominio y control, de una sociedad con una visión de Totalidad Cerrada que niega lo diferente y lo diverso, que impone concepciones de vida de carácter único, que niega el sentido de alteridad.

Esa realidad cultural, heredada de hace millones de años, se ve reflejada hoy en las acciones de quienes deben impartir justicia, la cual actúa de manera servil ante los poderosos y de manera arrogante con los humildes (léase pobres, niños, mujeres, negros, indígenas, minorías de cualquier tipo). Por ello el título de esta reflexión: En este país es más grave lavar dinero que matar a una persona.

Numerosos hechos lo confirman; David Murcia es capturado y a pocos meses de ello ya se encuentra extraditado a Estados Unidos. Un jugador del Junior de Barranquilla mata a un aficionado y el hombre ya está libre y gozando del apoyo de las directivas del plantel deportivo. Sí, un caso de hombre con hombre, pero con una leve diferencia: el uno es famoso, un ídolo, y además con dinero; el otro, un ser anónimo, que solo se conoce a raíz de su asesinato. Entre hombres, el pobre, pierde.

Hoy Clarena pone en la palestra pública, los casos frecuentes de violencia doméstica que vive rutinariamente nuestro país, con el agravante de que su victimario no fue capturado de manera inmediata, sino 4 días después; los argumentos que expone el Fiscal Edilberto Corredor producen risa; ofenden la inteligencia del más inocente. Que se investigue y arroje resultados, porque ahí hay algo más que una simple solidaridad de género.

Pero aquí no termina el asunto. ¿Por qué el caso de Clarena ha colmado las páginas de los diarios durante 5 días consecutivos? Tiene la ventaja de pertenecer a una familia con cierto estatus social, además se veía joven y muy bonita. Si hubiera sido pobre, vieja y fea, los medios de comunicación no hubieran empleado tiempo, páginas y tinta en reseñarla más allá de la simple noticia, como efectivamente ocurrió con un caso similar en Campo de la Cruz el pasado 31 de diciembre; un hombre pobre, mata a su exesposa pobre y allí quedó reseñada el 2 de Enero, sin que haya habido el seguimiento que tiene y sigue teniendo el caso de Clarena.

Nunca la ficción supera la realidad…