
El desafío de transformar los imaginarios masculinos
Una de las actividades que usualmente realizan los psicólogos para poner a reflexionar a los jóvenes de ambos sexos sobre equidad de género, consiste precisamente en separarlos en dos bandos, pero con una tarea común; el grupo de mujeres debe pensar en qué es lo mejor y lo peor de ser hombres; por su parte, el grupo de hombres debe hacer lo mismo pero pensando en lo mejor y en lo peor de ser mujeres…
El cuento “El Desafío” de Vargas Llosa me puso a pensar en “eso de ser hombre”; su lectura me remontó a mi más temprana infancia, rodeada siempre de hombres, -rodeada, aclaro, nunca apabullada-. Papá, mis dos hermanos y ese “mundo de hombres en el que me metieron” al ser la más pequeña de la familia; conducían las conversaciones alrededor del fútbol y la lucha libre, pero menos mal que también giraban sobre cuentos, fantasías, princesas y la siempre recordada “cucarachita Martínez”. Me imagino que por esa necesidad de todo niño al reconocimiento y la aceptación, yo también hablaba de eso con la pasión con la que lo hacían ellos. Hasta el día que me llevaron a ver uno de esos espectáculos de lucha libre… Evidenciar la realidad, dejar de hablar de algo abstracto, dejar de vivir a partir de las experiencias de otros, me llevó a apartarme “de ese mundo de hombres”, es decir, del gusto por la patada, el grito, la amenaza, en una palabra, de la violencia en cualquiera de sus manifestaciones.
Y de eso es de lo que trata este cuento de Vargas Llosa, de ese mal llamado “universo masculino”, que asocia virilidad con fuerza bruta, con orgullo, con licor: “estábamos bebiendo cerveza como todos los sábados”;
donde el licor se convierte en algo inofensivo, casi en una necesidad vital, “me muero de sed”… “bebió de un trago hasta la última gota”;
donde los hombres casados actúan como si la esposa no existiera :
"Nos separamos en la esquina de la iglesia. Caminé rápidamente hasta mi casa. No había nadie. Me puse un overol y dos chompas y oculté la navaja en el bolsillo trasero del pantalón, envuelta en el pañuelo. Cuando salía encontré a mi mujer que llegaba.
-¿Otra vez a la calle? -dijo ella.
-Sí. Tengo que arreglar un asunto….
-Tienes que levantarte temprano -insistió ella- ¿Te has olvidado que trabajas los domingos?
-No te preocupes -dije- Regreso en unos minutos".
Una manera sutil de excluir, de anular, de no consultar las decisiones importantes de la vida… Sí, porque la cita a la que asistiría, terminaría con la vida de un adolescente; y lo que es peor, su propio padre no solo lo presenciaría, sino que no haría nada para detener la pelea; me imagino que eso hubiera sido equivalente a negar la condición varonil de su hijo; en otras palabras, primero muerto que cobarde…

