


Casi siempre, después de una película colombiana, salgo del teatro con dolor de alma. Y la última película de Carlos Gaviria no fue la excepción.
Seguramente habrá muchos detractores de la misma, los que piensan que Colombia es mucho más que paramilitarismo, narcotráfico, violencia... los que creen "que la ropa sucia se lava en casa"... Los que no quieren ver reflejada en el cine una realidad muy dura, demasiado cotidiana. Los que pretenden silenciar la verdad.
Y la verdad es que pareciera que tuviéramos enquistada la violencia, la intolerancia, los sectarismo, "los aniquilemos al enemigo", silenciemos las voces, los "quítate tu para ponerme yo".
Sí, me duele este país; me duele esta historia; me duele el "no futuro", la desesperanza, la inercia que genera la tristeza, la violencia...
Me duele saber que ni un sitio tan privilegiado como un aula de clases, se escapa de esas historias de desplazamientos forzozos, de jovencitas que se ven obligadas a abandonar la seguridad del hogar paterno, huyendo de la arbitrariedad del gamonal del pueblo; de varones que analizan la violación como "esa debilidad del hombre...", desnaturalizando el crimen mismo...
Necesitamos más dolientes... Necesitamos más gente consciente... Necesitamos evidenciar la ropa sucia para ver si de una buena vez logramos "despertar" del letargo, de ese sopor profundo en el que se sumerge la masa para no pensar, para negarse a sentir...
Invitación a visitar este link: http://www.retratosenunmardementiras.com/
