miércoles, 20 de enero de 2010

Rompiendo el molde

Confieso que el tema de la violencia intrafamiliar es uno de los que màs toca mi corazón, tal vez porque desde niña me tocó presenciarlo con diferentes protagonistas y en diversos escenarios. Por eso me abruma la ignorancia de tanta gente al respecto, a pesar de que es pan de cada dìa. Tal pareciera que la gente lo vive sin aprenderlo. Y es allí donde está el verdadero problema.

Analicen esta lapidaria frase que leí hoy en El Heraldo: "La mayoría de las mujeres no tienen facultades físicas para defenderse de una golpiza o para amortiguar la aproximación de un disparo".(...!!!!!). ¿Y los hombres sí? ¿Quién dijo que la fuerza física garantiza la paz? ¿Quién dijo que existe enemigo pequeño? El caso de Vietnam y USA es un claro ejemplo de lo que estoy diciendo. Ojo por ojo, paìs de tuertos.

No, mi querida Vanessa Rosales, desde el momento en que la inteligencia empieza a ocupar un lugar de privilegio en la raza humana, desde ese mismo instante, suplanta a la fuerza física. "Dame una palanca y moveré el mundo", lo había dicho ya en la antigüedad el matemático Arquímedes. Por tanto aquí no se trata de fuerza física, ahora no vamos a terminar mandando a nuestras hijas a levantar pesas, aprender artes marciales, artes militares, etc, previniendo el temor a que se topen con uno de estos cavernícolas estacionados en algún lugar de un pasado primitivo.

No. A nuestras hijas tenemos que enseñarles a quererse, a respetarse, a valorar ese ser único que son. A no entrar en ese mundo loco de la competencia que pretende anular a los otros, las otras. Tenemos que enseñarles a valerse por sí mismas, hacerles entender que el matrimonio es una opción de vida, no una tabla de salvación. Que el cambio es la constante y a veces debemos tomar decisiones dolorosas pero necesarias porque no se puede negociar con la dignidad.

A nuestras hijas debemos enseñarles a estar atentas a las señales de peligro (que no es precisamente cuando te dan una trompada; mucho antes dejaron señales...). A manejar el conflicto de una manera constructiva, a buscar ayuda cuando es necesario, a tomar decisiones radicales cuando así lo amerite el caso.

A nuestras hijas (y a nuestros hijos, por supuesto), tenemos que enseñarles a ser fuertes desde la convicción interior de estar haciendo lo correcto; tenemos que enseñarles a ser fuertes desde lo espiritual, desde ese encuentro contigo mismo que parte de un conocimiento propio, de un reflexionar constante que es lo que te permite realmente crecer, estar despierto.

Es este tipo de educación -dirigido a hombres y mujeres- lo que va a permitir que se genere un cambio. Este tipo de educación no distingue de sexos, por ello necesitamos más hombres y mujeres que gocen de fortaleza espiritual, de hombres y mujeres con convicciones, con una alta autoestima, porque el que no se quiere a sí mismo agrede o permite que otro lo agreda.

Ahora bien, si el asunto sigue siendo de fuerza física, te regalo un verso de la venezolana Lyda Franco Farías:

"Una mujer, es una mujer,
más sus uñas y sus dientes;
lo siento caballero de la brillante armadura
aquesta doncella rompió el molde. Creció".

1 comentario: